Keblinger

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Ser o No Tener

| miércoles, 16 de noviembre de 2011

El ser siempre esta condicionado, como el Dasein: una particular forma de ser ahí, en el mundo. La existencia ha de encontrar un soporte, un espacio, un tiempo, una distancia, un cuerpo, un otro. Un primer paso: un punto en la nada en busca de sustento: otro punto. Ya aquí cabe la reflexión acerca de “la nada” ya como un punto de sustento. 

Podría poner de manifiesto la palabra, imaginar aquello de donde surgen las palabras cual caja de pandora... y si nos encontramos ante lo inefable en nosotros mismos no somos capases de reconocernos! Cuando no podemos expresar algo y simplemente lo sentimos ajeno, invasivo o angustiante. El lenguaje es un punto de referencia, reconocidamente ajeno, pero con tal fuerza para desencajarnos en algún punto de nuestra existencia. 

Ya psíquicamente el recuerdo de un estado anterior implica un punto de sustento, pero su característica es fantasiosa, al igual que una proyección nuestra al futuro y por supuesto, la nuestra en el presente. Somos en cuanto tenemos una referencia psíquica con el mundo. De esta manera se crea la equivalencia entre el estar siendo y el tener, como al tener cuerpo, ya que es una construcción psíquica implica un ser-teniendo. Somos, en este sentido, con lo que tenemos, incluso si lo que tenemos son ausencias. Así es interesante vernos, lo que somos, lo que tenemos, lo que mostramos y con aquello que nunca mas retornara, y creemos-creamos, fantasías.   
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Prologo: Las palabras curan

| domingo, 13 de noviembre de 2011
Después de una noche convulsa no es de extrañar que no seamos los mismos, como en una especie de alquimia el fuego algo ha de hacer al final de su tiempo bajo el crisol. 
Es una noche convulsa, los sentimientos negativos son fuegos de sabiduría, de ardores hacia una lucidez en la aceptación.
El fuego es lo que permite amalgamar las ideas; romper, desgarrar, quemar; metáforas perfectas para la comprensión de lo inefable, pero si he de hacer sentido alguno, en alguien, me permitiré agregar algo más en este mismo orden. 
Puedo pensar el fuego pero también en agua, y no solo en una simple dualidad*, sino también en relación a las ideas en forma de sueños. El agua como símbolo de lo inconsciente y su corriente por excelencia, se nos presenta en los sueños como ideas difusas e inentendibles, imágenes colores, sensaciones; muestra nuevamente de lo indecible, ¿somos nosotros ya los que no podemos decir, o los que ya no podemos entender?

Alguna vez en mi vida recuerdo haber dicho que el tiempo es como el aire, el agua ya es como el rio de ideas que fluye apacible hasta la consciencia y el fuego el calor necesario para toda reacción, ahora solo me queda la tierra, lo terrenal, lo concreto, material, expresable, lo inteligible.

Solo por fin ahora, puedo continuar...
y considerar:
¿Es todo esto una real significación o solamente un juego metafórico de casualidades?
Por supuesto que es un juego! Absurdos, ¡Fantasías! Pero una piedra angular en el lado metafórico de cada uno, de ahí donde brotan las imágenes y sueños, de donde se hilan historias de vida y se da sentido a las cosas. Y claro, no puede ser así de simple replicarlo, no puedo darte un sentido ya que las ideas cobran sentido, y tenemos lo que tenemos y olvidamos lo que olvidamos; aquello, donde en algún lugar de nosotros decidimos olvidar. 
Una noche convulsa puede evocarnos sentidos, incluso estando perdidos, careciendo totalmente de ellos.


¿Me queda entonces alguna razón por la cual seguir escribiendo?
Podría decirme y quizás engañarme: "Porque al fin puedo volver a hacerlo".
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