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Sol Acuariano |
viernes, 29 de julio de 2011
No existen prisas ni atrasos, solo momentos precisos.
Puedes no creer en causalidades y no es que diga creer en ellas, mas no hemos de ignorar ciertas cosas.
Vivimos constantemente en un presente, no es de obviar.
Vivimos en un presente puesto que disponemos de un pasado. Disposición no consciente que revela aquel carácter de desfase entre nuestra consciencia y los procesos que permiten tenerla.
En cierta medida, como al soñar, somos el mundo y los protagonistas.
El futuro no yace demasiado lejos, tan solo en nuestra memoria, de expectativas y anhelos atados por supuesto, a nuestras posibilidades.
El momento preciso es solo el presente, el pasado es tragado por este y el futuro es mera especulación.
No es que crea en causalidades, pero todo toma un valor en el momento en que nos ocurre, siempre puede ser un momento perfecto.
Lo infinito no son los futuros posibles sino lo que interpretamos del ahora
Podemos no creer en causalidades y buscar una objetividad, y encontraremos en ello un valor no más significativo que cualquier otra búsqueda de sentido.
El momento preciso es valorar el presente más allá de nuestro pasado, expectativas, prejuicios… aceptar que aceptamos… un algo más…
Últimamente los tiempos encajan, las distancias se acortan y los minutos se diluyen…
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Sol Acuariano |
jueves, 21 de julio de 2011
Ante una pregunta así es difícil tener un punto de partida, seria ya advertir un camino a una solución, seria, en ese caso, un prejuicio al respecto. No es que sea del todo incorrecto, mientras se repare en ello.
Podría comenzar por plantear la pregunta: ¿Qué es un ser humano? Pero condicionaría la respuesta al definir que hay un algo que adquiere las propiedades humanas. ¿Es lo humano entonces una propiedad? Entonces: ¿Son variadas las posibilidades de que diferentes entes sean humanos?
Tanta verborrea no hace sino dificultar el comienzo, por qué no partir por lo obvio?, por nosotros. Somos humanos, sin duda, entonces comencemos el análisis desde ahí. Es ya bien conocida la división del hombre entre lo biológico y lo cultural. Por una parte entendemos al hombre como un ente biológico con ciertas características propias de la especie y por otro como un ente sujeto a una cultura determinada.
Con esto nos entendemos humanos y decimos que somos humanos. Pero si dijera simplemente que no, que somos robots, o cerebros conectados a una computadora, o un cerebro-computadora (y sí, me refiero al dilema del cerebro en la cubeta) ¿Dónde queda nuestra humanidad? ¿Dónde parte, que es lo que delimita cuando se tiene o cuando se pierde?
Ante esta analogía del cerebro alimentado por estímulos en una computadora podría decir que nuestro cerebro, el cerebro humano funciona de la misma manera ya que es este quien es alimentado por un medio externo adaptándose a él, pues, no hay nada en nuestro cerebro como una imagen predeterminada del mundo, salvo ciertas predisposiciones genéticas a ciertas conexiones, y lo mismo ocurre con nuestros cuerpos al adaptarse al mundo. Es decir, no hay nada en nuestros cuerpos y capacidades que nos sean propios e independientes del medio.
Ante esta equidad entre lo artificial y lo natural en el hombre entendemos que no hay un algo netamente humano, entonces ¿Qué es lo que otorga la humanidad? Obviamente las mismas personas. A modo de ejemplo, no es lo mismo ser llamado Comunista en la Alemania Nazi que en la Rusia Soviética, entendemos que lo “Humano” se pone en juego mediante las mismas reglas: Un orden del discurso predominante en cierto contexto. Así el significante adquiere su significado e imagen mental en el sujeto (a ser humano) a posteriori. Puede entonces decirse que los Nazis no mataron humanos, ni que un clon sea un ser humano, o que un robot tampoco lo sea, o decir todo lo contrario. La cuestión se reduce a un juego de voluntades.
Lo humano yace entonces en lo etéreo, en lo variable del discurso, pero bien, solo lo humano? Lo humano pertenece a un sistema sintagmático ligado a otros conceptos, (lo que podríamos decir como partes de su significado ya que como significante solo carece de valor). Por ejemplo, si soy padre, hermano, hijo, trabajador, cesante, un enamorado o un idiota puedo ser un humano. Lo humano entonces escapa de nosotros mismos, y es algo que nos es entregado en tanto seres atrapados por esta red cultural. Puedo decir:
Mi existencia me es externa, tanto para poseerla, como para hacerla valer. Lo humano por tanto me pre-existe. Mi subjetividad mas intima es una producción externa.
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Sol Acuariano |
lunes, 18 de julio de 2011
“No sé por qué dicen que carezco de sentimientos. O que a mi vida le fueron negadas ciertas experiencias fundamentales. Supongo que se refieren al amor. Se equivocan los que piensan que no he conocido el amor. Puedo afirmar que he vivido enamorado. Desgraciadamente pienso que el amor trae más pesares que placeres. Ahora claro que la felicidad que da el amor es tan grande que más vale ser desdichado muchas veces para ser feliz algunas. ¡Es también una cuestión de estadística! Yo creo que todos nosotros hemos sido muy felices con el amor alguna vez y también creo que todos hemos sido muy desdichados muchas veces. El amor le ofrece a uno esa incertidumbre, esa inseguridad del hecho de poder pasar de una felicidad absoluta a la desdicha; pero también de poder pasar de la desdicha a la brusca, a la inesperada felicidad. Pienso que es una experiencia y uno no debe rehusar experiencias. Yo diría que el amor no puede prescindir de la amistad. Si el amor prescinde de la amistad es una forma de locura. Una especie de frenesí, un error en suma. Que en la amistad haya algún elemento del amor puede ser; pero son dos cosas diferentes. El amor exige pruebas sobrenaturales”.
Algo así como Borges.
He de confesar que mi fuerte nunca han sido las estadísticas.