Keblinger

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Are we human?

| jueves, 21 de julio de 2011
Ante una pregunta así es difícil tener un punto de partida, seria ya advertir un camino a una solución, seria, en ese caso, un prejuicio al respecto. No es que sea del todo incorrecto, mientras se repare en ello.

Podría comenzar por plantear la pregunta: ¿Qué es un ser humano? Pero condicionaría la respuesta al definir que hay un algo que adquiere las propiedades humanas. ¿Es lo humano entonces una propiedad? Entonces: ¿Son variadas las posibilidades de que diferentes entes sean humanos?

Tanta verborrea no hace sino dificultar el comienzo, por qué no partir por lo obvio?, por nosotros. Somos humanos, sin duda, entonces comencemos el análisis desde ahí. Es ya bien conocida la división del hombre entre lo biológico y lo cultural. Por una parte entendemos al hombre como un ente biológico con ciertas características propias de la especie y por otro como un ente sujeto a una cultura determinada.

Con esto nos entendemos humanos y decimos que somos humanos. Pero si dijera simplemente que no, que somos robots, o cerebros conectados a una computadora, o un cerebro-computadora (y sí, me refiero al dilema del cerebro en la cubeta) ¿Dónde queda nuestra humanidad? ¿Dónde parte, que es lo que delimita cuando se tiene o cuando se pierde?

Ante esta analogía del cerebro alimentado por estímulos en una computadora podría decir que nuestro cerebro, el cerebro humano funciona de la misma manera ya que es este quien es alimentado por un medio externo adaptándose a él, pues, no hay nada en nuestro cerebro como una imagen predeterminada del mundo, salvo ciertas predisposiciones genéticas a ciertas conexiones, y lo mismo ocurre con nuestros cuerpos al adaptarse al mundo. Es decir, no hay nada en nuestros cuerpos y capacidades que nos sean propios e independientes del medio.

Ante esta equidad entre lo artificial y lo natural en el hombre entendemos que no hay un algo netamente humano, entonces ¿Qué es lo que otorga la humanidad? Obviamente las mismas personas. A modo de ejemplo, no es lo mismo ser llamado Comunista en la Alemania Nazi que en la Rusia Soviética, entendemos que lo “Humano” se pone en juego mediante las mismas reglas: Un orden del discurso predominante en cierto contexto. Así el significante adquiere su significado e imagen mental en el sujeto (a ser humano) a posteriori. Puede entonces decirse que los Nazis no mataron humanos, ni que un clon sea un ser humano, o que un robot tampoco lo sea, o decir todo lo contrario. La cuestión se reduce a un juego de voluntades.

Lo humano yace entonces en lo etéreo, en lo variable del discurso, pero bien, solo lo humano? Lo humano pertenece a un sistema sintagmático ligado a otros conceptos, (lo que podríamos decir como partes de su significado ya que como significante solo carece de valor). Por ejemplo, si soy padre, hermano, hijo, trabajador, cesante, un enamorado o un idiota puedo ser un humano. Lo humano entonces escapa de nosotros mismos, y es algo que nos es entregado en tanto seres atrapados por esta red cultural. Puedo decir: 

Mi existencia me es externa, tanto para poseerla, como para hacerla valer.  Lo humano por tanto me pre-existe. Mi subjetividad mas intima es una producción externa.

2 Amenazas:

Anónimo at: 29 de julio de 2011 a las 22:41 dijo...

Si todo es externo a nosotros,¿Cómo entonces podemos llamarnos "humanos"?
De esta misma forma, la subjetividad nos es ajena; ¿Podría realmente existir?

{ Sol Acuariano } at: 30 de julio de 2011 a las 0:09 dijo...

Simplemente lo hacemos, nos llamamos humanos, en un ejercicio constante por parte de una cultura, y digo “nos llamamos” ya que no es un ejercicio unidireccional de la cultura hacia mí, mas bien es un equilibrio constante de auto-confirmación de la cultura, es decir, de todos nosotros.

Ciertamente todo incluso lo humano es externo, puesto que se nos entrega, pero en la entrega hay una interiorización, así, aunque la subjetividad sea producto de lo externo no implica que no sea nuestra, íntima y que no pueda existir. Basta con darnos cuenta que al final no todos tenemos las mismas conexiones y que no todos formamos el mismo juicio de realidad.

Aunque lo ideal, debo decir, es que al final se logre una consciencia critica plena, capaz de desenvolverse en estos juegos de voluntades, una especie de interacción con el medio simbólico que sea capaz de cambios. Pero es complicado, ya que como diría Einstein: “Los problemas no pueden resolverse con el mismo nivel de pensamiento que los creó.” Asumiendo únicamente como diría Cortázar, la necesidad de una revolución del lenguaje.

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