Keblinger

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Ausencia

| miércoles, 17 de agosto de 2011
Heme aquí, has de verme aquí para ser, siempre, juntos.

Sabemos de presencias, sabemos de rostros, de compañías, y creemos saber mucho. Suponemos nuestra presencia con el estar, se obvia, pero nuestra presencia como pre-esencia  es un algo antes de nosotros, una imagen, y como tal, solo puede valerse ante otro. El como somos, casi siempre de forma inconsciente, es una imagen que proyectamos, de algo que hemos recibido, siempre pretendemos y pretendemos ser confirmados, he ahí el imperativo del vínculo.

Es una concepción necia la que tienen los hombres.
Creen que Eros es sexo, pero yerran:
Eros es estar vinculado.

Carl Jung.

Eros, la pulsión sexual de vida como vínculo. Entendemos la pulsión de vida como tendiente a la satisfacción, a calmar el malestar y descargar tensión. No es de extrañar que en la vida psíquica tienda al amor, la amistad, y toda proximidad intersubjetiva, “acercar bordes”.

Tampoco es desconocido que tendemos a la distancia, a alejarnos, apartarnos, a huir, la distancia es distancia y podemos ponerle el nombre que queramos y a veces engañar(nos). Creemos en metáforas del viaje y viajamos, creemos e indagamos, seguimos y nos alejamos, al final, perdemos. El viaje se constituye en un punto de partida, y casi nunca en un fin; entenderemos que al comienzo éste es el alejarse.

Así que debe haber un impulso en la separación, claro, la pulsión de muerte. Mas allá de un principio del placer nos topamos con la separación, como un fort-da tendemos a esta distancia que produce un malestar, pero a saber, también una satisfacción. Podemos apartarnos y apartar, sufrir todo lo que queramos y perder muchas cosas en el viaje, lo importante en este caso, es la elaboración del acto, el control, y quizás en cierta medida, la venganza.

"Si te vas, bien, no importa, soy yo quien te echa, es mas, yo mismo me voy".

No hay mas que recordar que vivimos con ambas tendencias, la unión y separación, como un juego divino; no es un juego de poder, no hay que olvidar que la ausencia es condición para la presencia del deseo y este como potenciador de las emociones. No hay que olvidar que la distancia depende de los nombres que utilizamos para ella, y dichos nombres, de nuestra sutileza y en quienes podamos encontrarla.

Y el amor comienza de la misma manera para todos,
a saber, cuando no solo se goza con la presencia,
sino que también con la ausencia.

Aristóteles

4 Amenazas:

Anónimo at: 25 de agosto de 2011 a las 22:44 dijo...

Podria decirse de acuerdo a lo que planteas que nos vemos enfrentados a ambas, cercania y lejania a la vez; y siguiendo esa linea, seria como "los impulsos"?

Por otro lado, seria preciso afirmar que todo nos es ajeno, y que esa misma ausencia, haga que la presencia sea aun mas notoria?

Anónimo at: 15 de septiembre de 2011 a las 21:35 dijo...

I hate you (:

Anónimo at: 24 de septiembre de 2011 a las 19:18 dijo...

hate to love you

{ Sol Acuariano } at: 10 de octubre de 2011 a las 19:37 dijo...

Si, son como los impulsos guiados por el deseo, y con respecto a la perdida de un objeto puede ser notoria pero no significativo, puede ser significativo ya que en su ausencia el deseo aumenta, o que ya lo hayamos interiorizado y no nos afecte su ausencia.
Esop

Saludos, a todos...
ñ_ñ

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